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La figura del hipotecante no deudor resulta de gran importancia a la hora del cobro de deudas y como seguridad ante varios acreedores. Hasta el momento no nos habíamos centrado en responder todas las dudas que surgen alrededor de esta figura tan importante como es la del hipotecante no deudor. Por ello, a lo largo de este post vamos a conocer perfectamente quién es este personaje dentro del ciclo de la deuda y sobre todo para qué es necesario un hipotecante no deudor en todo el proceso. 

Lo más importante es reconocer a la perfección quienes son para así poder poner en contexto todas esas obligaciones que tiene y para qué resulta el hipotecante no deudor específicamente necesario. 

Como concepto definimos y reconocemos al hipotecante no deudor como aquella persona que utiliza un bien inmueble, del que es propietario, para garantizar la deuda que ha contraído un tercero con su acreedor. Visto así puede que todavía, incluso después de conocer su definición, lleguen a surgir algunas dudas con relación a esta nueva figura que hoy conocemos. Por lo tanto, incidimos en que el hipotecante no deudor es que pone como garantía, su bien inmueble, pero en ningún caso es el deudor, dado que él ni recibe dinero y tampoco cuenta con la obligación de devolverlo.

Llegado a este punto sí que es cierto, que esta figura no es muy habitual y precisamente por eso no habíamos hablado en otras ocasiones de ello y mucho menos de forma tan específica. Sin embargo, existe y además los bancos lo aceptan por lo tanto es bueno conocer todo lo que aporta la figura del hipotecante no deudor para ver cuáles son sus funciones y sus ventajas. 

¿Es lo mismo que ser avalista?

Ahora que conocemos este concepto, seguro surgen dudas, ya que tras reconocerlo y ponerlo en contexto suena a poder hacer un símil con el avalista, esta figura ya sí mucho más conocida. Sin embargo, aquí debemos ser claros y señalar que ambos personajes son diferentes. No es lo mismo actuar como hipotecante no deudor que como avalista y ahora vamos a conocer el porqué dado que es mucho mejor contar con la posibilidad de actuar como hipotecante no deudor, ya que implica mucho menor riesgo para la persona que asume este rol cuando pone en juego parte de su patrimonio a favor de la persona por la que responde. 

La ventaja que destaca entre todas las demás para seleccionar la opción de ser hipotecante no deudor ante avalista es que esta primera figura limita su responsabilidad al porcentaje hipotecado del inmueble del que es propietario. El resto de su patrimonio, tanto el que cuenta hasta el momento de la firma como el futuro, está en perfecta garantía y asegurado, ya que no tiene relación alguna y por lo tanto no corre ningún riesgo. Esta es la principal ventaja y la más importante, ya que seleccionar la opción de ser avalista de un tercero, sí entraña ese riesgo con relación a todo el patrimonio contando además de que es una responsabilidad hereditaria. 

Por lo tanto ser hipotecante no deudor cuenta con:

  • Riesgo limitado. Algo que no ocurre con el avalista. 
  • No exige responsabilidades del banco ante un impago del tercero con el acreedor más allá de lo firmado por todas las partes.
  • Jamás será considerado deudor.
  • Puede limitar su responsabilidad a una determinada cantidad o a un determinado porcentaje.
  • Puede limitar la responsabilidad a una franja de tiempo concreta. 

¿Qué requisitos son necesarios para ser hipotecante no deudor?

Poder ser hipotecante no deudor es sencillo en la medida de contar con un inmueble sobre el que se cuente la capacidad de hipotecar. Por lo tanto únicamente como requisitos podemos definir; el contar con un inmueble hipotecable en propiedad y contar con la decisión de querer ejecutar esta acción para responder por un tercero como garantía. 

Esos son los dos requisitos para poder convertirse en hipotecante no deudor. Pero, ¿qué obligaciones contrae esta figura?

Cuando ya está constituida la garantía y el banco ha aceptado el bien inmueble del hipotecante no deudor como garantía, una de las obligaciones de este personaje es conservar el inmueble. El banco exige que además esté asegurada esta propiedad, constando además como beneficiario de la póliza la propia entidad financiera. 

Para que se lleve a cabo esta garantía, la propiedad deber haber sido tasada previamente y por supuesto realizar la correspondiente inscripción en el Registro de la Propiedad

Es importante conocer que si se llega al caso de que ejecuten la hipoteca de este inmueble que funciona como garantía, el hipotecante no deudor está obligado a subrogarse a las acciones que la entidad financiera pudiera tener contra el deudor, permitiéndole reclamar al propio deudor el importe pagado hasta recuperar lo perdido por su parte. 

Al fin y al cabo el hipotecante no deudor sí que cuenta realizando esta acción con un riesgo y con una carga real sobre su inmueble y esta situación hay que tenerla en cuenta, ya que puede influir si se quieren realizar paralelamente alguna de estas dos acciones. 

  • Constituir una hipoteca. Esto es difícil porque el propio inmueble ya está gravado. Salvo que el valor del mismo sea altamente elevado, se le exigirá al hipotecante no deudor liberarse de la primera hipoteca si quiere constituir otra nueva. 
  • Llevar a cabo la venta del inmueble. Este punto es más complejo, ya que no resulta compatible contar con una hipoteca de hipotecante no deudor con la venta del propio inmueble que figura como garantía. Por lo tanto lo normal es que si se quiere realizar la venta del inmueble se exigirá la cancelación de dicha hipoteca. La otra opción es que pueda venderse con dicha hipoteca asociada si el nuevo comprador recibe un descuento o bonificación sobre el precio final a sabiendas de esta garantía. 

¿Puede quebrar un hipotecante no deudor en este proceso?

Por supuesto esta figura de hipotecante no deudor puede quebrar aun teniendo contraída esta garantía a través de su inmueble. Si el que quiebra es el propio hipotecante no deudor se debería comprobar si la hipoteca que garantiza la obligación del deudor primario es anterior o posterior al embargo que le pueda llegar a hacer al hipotecante.

Si los embargos fueran anteriores a la firma de esta garantía, el derecho del acreedor quedaría relegado a un segundo plano. Es bastante complicado que se pueda contar como garantía el inmueble de una persona embargada. 

Otra cosa es si el embargo o la quiebra se produce una vez el proceso está ya iniciado y firmado, o sea que la hipoteca sea interior a este hecho que nos referimos. En este caso la carga hipotecaría se mantendría, por lo que las personas que lo adquieran, que adquieran este inmueble embargado estarán obligadas frente al acreedor a responder con ese inmueble como garantía frente al acreedor del deudor principal, que en ningún caso ha sufrido ningún proceso de embargo o quiebra. 

Por lo tanto y tras ver todas las ventajas y desventajas de la figura del hipotecante deudor, conocemos que no representa las mismas funciones y sobre todo riesgos que la figura del avalista. Siendo el hipotecante no deudor aceptado por los bancos, resulta más óptimo tanto para el deudor como para este el asociar la obligación o la garantía de pago a unos requisitos concretos que no afectan al patrimonio total presente y futuro del hipotecante no deudor. Limitando de esta forma su responsabilidad frente a un posible caso de impago.

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